lunes, 13 de abril de 2015

En el Aeropuerto - El último día en Nueva Zelanda

Ya en el Aeropuerto, con tiempo de sobra y nada que hacer antes de tomar el avión. Una infinita calma resalta en comparación a la última vez que estuve acá, dónde nervioso me aferraba a una pareja Argentina que ya tenía algo de experiencia en estas tierras, teniendo todo y la nada enfrente y una energía que ahora envidio. 

En el fondo los nervios están igual, pero se mecen bajo la máscara de una cara seria. Me voy de acá, de esté país que de alguna torcida manera conquiste, que hice mio aún siendo un extraño. Indescifrable alquimia que deja el día a día de un año. Y en especial de los últimos meses, de Wellington, de los amigos, del departamento, el Mt. Victoria, la noche y la rutina.

Ahora voy a un país aún más ajeno que este, pero a diferencia de la primera vez un amigo me espera. A diferencia de esa vez, son solo vacaciones, un mes y algo, quien sabe. No hay que jugarsela, nada que rasguñar, aunque no deja de ser vertiginosamente ajena la noción de un Japón. Pero allá vamos, quizás aún no despierto a la realidad de que veré un lugar que nunca imaginé conocer en mi vida, quizás la tristeza de dejar lo que fue un hogar, los amigos, la incertidumbre absoluta de decir adiós y no saber si volveré a decirles hola, es lo que ensombrece este momento.

Nunca viví en otro lado que no fuera Santiago, no con conciencia al menos, cuando niño estuve en Valparaíso y alrdedores, poco después en Ecuador, pero desde que empecé a razonar que ya estaba en esa gran urbe hundida en la tierra. Y yo también estaba hundido con ella, por eso necesité la energía de una nave espacial para romper la gravedad y atreverme a salir. Y lo hice así, a pura energía, a puro fuego. Y no temí ni por un segundo que mi adiós a la gente en Santiago fuera para siempre. Sabía que era tan solo un hasta luego, quizás uno largo, de uno o unos cuantos años, no lo tenía claro, pero si estaba la certeza de ser solo un hasta luego. Y ahora no.

Es la primera vez que vivo esto, y me siento totalmente desarmado. En desventaja. Sin cultura de viajes, sin armadura en la piel y si bien sé que así como nunca me imaginaba ir a dónde voy ahora, puede que vaya en algunos años a por el mundo, a por ellos, a ver a mis amigos. Pero sabemos, los de esa tierra perdida que es Chile, lo difícil que es salir de ella.Y temo por mi, por no tener otra vez la energía que necesité para hacerlo hace poco más de un año.

Digamos que estoy triste.

Ciertamente hay muchas cosas que no hice en Nueva Zelanda, algunas de las que se consideran fundamentales incluso, como ir a la isla sur, ir a ciertos lugares turísticos como Hobbiton o el Tongariro, y claro, por más de alguno pasé por enfrente, en otros me quede en la entrada y a otros solo los vi de lejos, por rata, por que no me interesaba, porque no se pudo en su momento.

Trabajé como chino, y me alegro de ello, de saber que pude sacar la pega en cosas tan extrañas para mi hace unos años como el ser temporero, empaquetador en una fábrica, ayudante de cocina o limpiador en un hostal, llegando incluso a ser supervisor nocturno, algo que de verdad me sorprendió. Aprendí que la dignidad no está en el trabajo, sino en los trabajadores y que nada es tan malo, ni tan terrible, si se hace con amigos.

Y si bien no pude ahorrar lo que hubiese querido, ya que mucho tiempo -sobre todo en el invierno- lo pasé con trabajos esporádicos que alcanzaban apenas para pagar los gastos, lo definitivo es que del total de lo que gané en este año, ahorré más de la mitad, gracias a lo que puedo seguir viajando un poco más. Y no me molesta decirlo, pero me siento orgulloso de aquello, de haber (inconscientemente) seguido las enseñanzas de mi abuela: La mitad para gastos, la mitad para el ahorro.

En el tema de las relaciones de pareja, bueno, no fue un buen año. No conocí a nadie especial por estos lados, y por un tiempo intentamos, con alguien a quien quiero mucho, reflotar una relación a distancia. Lo que no resultó, pero me dejó muchas enseñanzas. Aunque como me lo han hecho ver algunos de esos amigos y amigas que voy a extrañar, todavía no estoy bien de aquello, todavía queda algo que cerrar. Y por lo mismo me perdono (o intento) el no ser un Don Juan, el no tener historias que contar al respecto. Y no las voy a inventar tampoco. Soy lo que soy, he hecho lo que he hecho, y sería.

Me gustaría decir que lo que tiene que venir vendrá en su momento. La verdad no lo sé, y siento que ya he asimilado cierto pesimismo al respecto, pero veremos, quizás solo sea un periodo. Al menos me gustaría que así fuera.

¿Qué más?, bueno, sé que después de Japón viene Corea, no creo que por mucho tiempo una o dos semanas cuando mucho, y con suerte después China. De ahí, ni idea. Tengo algunos planes, pero veremos, aun queda tiempo y parte del tema es que en el camino las cosas vayan ocurriendo también. Por lo mismo se aceptan sugerencias, ideas, consejos, todo lo que se les ocurra, para poder seguir viajando y ver el mundo. O vivirlo.

Creo que ahora ya estoy bastante más tranquilo, incluso debajo de esa máscara de seriedad, de verdad, en la piel. 
Una vez más, el mágico poder curativo de las palabras.


Ah, y bueno, nunca vi ni un Kiwi ni un Wombat, de hecho, aún dudo que haya uno por acá.



Últimas fotos en NZ:


En el Aeropuerto:

 Despedidas:
(Extrañando a Tom! y nos falto Sina también!)
(Falta la gran María aquí)


Auckland, antes del aeropuerto:










La "azotea" del depa en Wellington:






domingo, 15 de marzo de 2015

Al menos intentarlo (paréntesis)

Hola querida masa informe que potencialmente puede convertirse en rostros y recuerdos. O no. Puedes quedarte en silencio. Y me gustas por eso. Por tu inmediatez y tu caos.
Te cuento que tengo miedo.
Y ya sé que en nuestra eterna correspondencia eso equivale a un saludo. Siempre igual, no por ello menos cierto.
Y tengo miedo porque me voy de esta ciudad, donde hundí la cabeza por 6 o 7 meses. La dejo y quiero y no. Me voy porque no nos enamoramos, pero quedé en semifinales.. y si fuera otro quizás hubiéramos seguido simplemente. Ya saben, armando un hogar, esculpiendo hijos. Pero no, nunca fui suyo. Y me voy. Me voy de este país que en gran parte siento sin identidad. O donde quizás un año entero no me dio para encontrarla. Pero me voy siendo otro, mejor, sin lugar a dudas. O sea, igual idiota, inexplicablemente complicado-y-fácil como una mañana de domingo, pero mejor.
Me voy al Japón, por unas semanas. Corea, quien sabe por cuanto. China, espero, por un tiempo más. Y después debería volver a Chile. Pero tengo miedo, como extensión del miedo anterior, porque ya estoy mirando la visa a Alemania. Y conozco esa mirada.
Quiero saltar una vez más. No saber que hacer, como siempre, arrepentirme hasta sonreír. Quiero incertidumbre, me falta plata. Tal vez algo pueda hacer, la prostitución dicen que es buen negocio en Asia. Pero más allá de aspiraciones laborales, o sea: De verdad pánico. No sé como sobreviví este año, no sé como podría hacerlo en un país en el que tengo menos control -aún- del idioma, y teniendo lo que es ninguna habilidad más que una esporádica locura y cierta austeridad en tiempos de guerra que raya en el masoquismo.
Busco tu simpatía masa informe de potenciales caóticos. Quiero esperanza. Realidad, ficción, lo que sea. Tampoco es tan terrible volver a Chile, pero me gusta esto de tener tiempo, de que mañana pueda ser cualquier cosa.. y sería una pena dejarlo ir. Sé que cuando vuelva las cosas no serán miel sobre hojuelas. Me estoy perdiendo el "hacer un curriculum", las cotizaciones, el sentar cabeza. Lo sé. Y es que no tener dónde caerse muerto viajando es una aventura, no tenerlo en tu país es un poco menos sexy. Digamos depresivo. Y si muero, pues que sea cruzando la calle, como debería ser, y no porque un día me olvidé de mi.
Creo que sé que quiero, pero tengo tanto pánico de verdad que escribo esto para hacerme frente. Al menos debería intentarlo. Evaluar bien la opción, ver si es completamente factible y viable económicamente. Sí. Solo necesitaba estar seguro. Hay una sombra, eso sí, cuando imagino Europa. Creo que podría haber mucha tristeza allá, fragilidad. No tengo la misma energía que al principio, y este año ha sido pesado y solitario. Pero así es la forja. Y si me quiebro, habré conocido mi límite. 
Al menos intentarlo.
Eso. Al menos intentarlo.

jueves, 19 de febrero de 2015

180º


Evidentemente hice lo que tenía que hacer, y no me hice caso. Giré en 180º la dirección a dónde iba con el post anterior, y ya con el pasaje a Japón virtualmente en la mano (porque está en mi mail), mi corazón reconoce la victoria. Es lo que tenía que pasar, arriesgarme una vez más, intentar seguir viajando.

¿Futuro?, ya veremos cuando llegue. Que me tenga piedad, yo le tendré una cerveza.

No sé por cuanto, no sé como ni de que forma. Sé que compraré el pasaje de tren de 14 días, me juntaré con Simon al llegar al aeropuerto y después iremos viendo, probablemente vayamos visitando a los amigos japoneses que hemos hecho por acá, probablemente iremos viendo las cosas que cada uno quiere ver, como Kyoto, Hiroshima, Osaka. Por supuesto el gran Tokyo. Daremos vueltas. Quizás me vaya al poco tiempo a Corea, quizás me quede los 90 días que tenemos (así es, con Japón, Corea del Sur y Tailandia no necesitamos visa, tenemos 90 días libres para turistear por ser chilenos), quizás quien sabe.

Llegaré con el florecimiento del cerezo. 

Curiosidades. Hubo una vez un grupo de chicas, literatas de distintos colegios, unidas por el profundo lazo que provocaba el alba del internet. Ellas se encontraron en ese momento cuando todo era porvenir y oscuridad, entre intensas risas y lágrimas. Algo no muy distinto a otras épocas. Y esas chicas se llamaban a sí mismas las lombrices. Pero había un chico que molestaba alrededor, siempre buscando atención. Alguien que se coló en el enigma, ya que su mayor habilidad en la vida era el "colarse", de hecho, dicen que perdió, o entregó un poco de su identidad a cambio de ese regalo divino, como Odin hiciera con su ojo. Bueno, él era el cerezo.

Volviendo al curso irregular. Uno de los dos supervisores con los que trabajo, Craig, que es un inglés buena onda y como de mi edad, tuvo que volverse a inglaterra, tragedia familiar: se murió su hermana. Por un momento me pregunté como sería, que haría, si algo así me pasara estando acá, al otro lado del mundo. Preferí dejar esa pregunta sin respuesta. Hablé con él hace poco, creo que sigue en shock, que es lo más lógico, si es que hay alguna lógica en esto, pero más allá de eso esta "bien", tratando de ayudar a su madre. 

Acá me tuve que hacer cargo del puesto y ahora lo reemplazo de momento como supervisor, he tenido que aprender algunas cosas nuevas, pero nada del otro mundo. Todo es experiencia.

De momento trato de ahorrar lo más posible. También alojamos a personas por Couchsourfing en el depa, para tener más experiencia en el tema. Hasta ahora han sido buenas las experiencias. También de vez en cuando salgo a la luz del día y aprovecho de pasear, hoy por ejemplo habían conciertos y una feria performática, con presentaciones de varios artistas en el waterfront, aka costanera. Wellington es una excelente ciudad, en especial cuando hace este tipo de cosas, debería ser más seguido eso sí. Pero se agradece igual y a caballo regalado, como dicen por ahí.

Bueno, se va andando, eso es lo importante.

Por ahora tengo que volver a trabajar, ya se me esta acabando el break y solo quería dejar constancia de los nuevos pasos.

Y pensando en todos los últimos cambios, solo puedo decir que me intriga ver que cosas pasarán entre este post y el próximo.

Saludos!

viernes, 6 de febrero de 2015

Los momentos felices

Una montaña rusa es poco comparado con lo que han sido estas últimas semanas. O dicho de otra forma, si me remitiera a los Arcanos del Tarot, este tiempo habría sido algo así como un periodo Rueda en pleno.

Pasé de esperar a alguien acá en Nueva Zelanda, a que nos vieramos en Chile, a que nos vieramos en el Sudeste Asiático, a que nos vieramos -pero antes- en Chile, para terminar en el no vernos para nada.

Después de todo esto, y gracias a que mental y emocionalmente ya he paseado por medio mundo, quedé -y no solo yo probablemente- cansado, triste y estresado, pero la paradoja es que físicamente ni me he movido de Wellington. Y quedan dos meses, un poco menos, para que se me termine la visa.

En síntesis, aún no tengo un paso para más adelante, como casi siempre. De vuelta entonces al estado natural de estar perdido. Y si bien no todos los que andan sin camino están perdidos, pues yo sí. Y lo estoy porque no le tengo tanta fé al paso ciego, ese que voy a dar igual. Me maravillo de la gente que avanza y avanza, que no le teme al quedarse sin dinero a mitad de camino, o a perder las cosas o a enfrentar burocracias y problemas. Gente que no fluye, gente que desborda.

Quisiera ser así, pero no lo soy. Lo tengo claro. Salir de Chile ya fue un gran paso para alguien que tiende a quedarse quieto, algo que se explica solo con el hecho de que ya voy para medio año en esta -hermosa y agradable- ciudad.

Dentro de todo estoy tranquilo, o me tranquilizo mientras escribo. Siempre ha sido una relación simbiótica esta, escribo/me escribo. Me ordeno, desahogo, calmo.

Y ya no fui al Sudeste Asiático, los pasajes están carísimos, dejé pasar mucho tiempo. Pienso en irme a Australia al menos por un tiempo, una semana cuando mucho. Quizás un poco más.

Al final, estoy desgastado emocionalmente. Y así no vale la pena seguir viajando. Por lo menos así lo siento ahora.

¿Volver a Chile?, tampoco me llama la atención. Salvo para ver a mi familia y amigos. Pero, ¿y después qué?, todo será un sueño. Hoy, este momento, la gente que he conocido, las cosas que he aprendido. Todo será ese loco año que viví en Nueva Zelanda. Y no es que pueda impedir que esto sea un sueño, inevitablemente lo será, es que no quiero que lo sea mañana.

No quiero que mañana vuelva a tener una carga angustiosa el lunes, no quiero tener que repactar deudas, ver si sigo o no en Fonasa, enfrentar al SII y las cotizaciones obligatorias, buscar un trabajo gris bajo un cielo igualmente gris.

No quiero volver. Pero tampoco me siento como para seguir viajando, me falta fuerza. Y tampoco quiero quedarme y seguir haciendo lo mismo. 

Nunca pensé que el verano fuera tan frágil. 

Pero, curiosamente, sentado en este antiguo sillon, al lado de la misma ventana que mira al Mt. Victoria, que me ha iluminado en estos últimos meses, y mientras afuera se celebran con disfraces y fiestas los Sevens (un torneo/carnaval de rugby), me doy cuenta que aún con cierta amargura, aún con tristeza y soledad, éstos son los momentos felices de la vida.

No hay grandes nubes negras, enfermedades, muertes, dolores ni graves problemas de seres queridos. No hay nada terrible en el viento que mueve hipnóticamente esas blancas flores enredadas en la enorme muralla de la casa de al frente, dónde me he perdido por unos minutos.

¿Cómo?, puede ser que estos momentos agónicos del tiempo, los últimos estertores de una realidad pronta a ser sueño, me acercaran a un Aleph. Y tras esa ojeada al futuro y al pasado al mismo tiempo -insisto, puede ser-, que haya tenido un poco de suerte. Y pudiera entender. 

Que pese a todo, estos son los momentos felices.







Fotos (Para rellenar/recordar)




Primer día de los Seven's/Waitangi Day (o de como ir afuera del estadio a ver a todos los demás disfrazados y después dar vueltas por ahí), con el Simón

 


Paseando por la otras playas con Billy, Cecilia y Simon:

 




 Fotos pal Couchsurfing de María


miércoles, 14 de enero de 2015

Despedidas

Miraba de reojo la calle, el monte. El cielo. Como si fuera respirar entre brazadas mar adentro. Cada choque contra las olas una frase, un chiste, una pregunta, una respuesta.

Siempre he sido muy emocional, no es de extrañarse que me afecte tanto separarme de mis mejores amigos en este continente. Especialmente de Tom, con quien he compartido todas las pérdidas, en sus dos sentidos, es decir tanto derrotas como desorientación, y así mismo todas las victorias, que usualmente han sido -en esencia- levantarse, ponerse de pié otra vez. Y seguir avanzando tras los errores.

Hoy finalmente vinieron por la pieza que arrendamos, lo que se necesitaba para que los chicos pudieran partir tranquilos, pues tenemos una garantía amarrada a la pieza y para recuperarla hay que tener a la gente que ocupará la pieza, ya que ellos la tienen que pagar, y los siguientes arrendatarios la tendrán que pagar a ellos. Un sistema de cadena extraño, pero inteligente desde la perspectiva del "Landlord", quien así se asegura tener siempre a alguien arrendando los cuartos.

Es una pareja de Irlanda la que se quedará acá, se ven simpáticos. Pero bueno, no dejo de marearme un poco cuando pienso que me quedaré en esta ciudad. Es extraño. La vida viajando es como un reality show -estúpidamente es lo más cercano que encuentro como ejemplo- las emociones se intensifican, y si le sumamos mi personalidad arisca, los chicos han sido con quienes he pasado más tiempo en total, probablemente, en mi vida. Sin considerar a mi familia, claro. Y por lo mismo siento como que me separo de ella. 

Se irán el lunes, hasta entonces conviviremos todos, apretados, en el depa, ya que la pareja -Freyja y Evan, si no me equivoco al escribir sus nombres- necesitaban un lugar donde quedarse y no querían seguir gastando en un hostal y bueno. Al final resolvimos que se quedaran acá por mientras.

Por lo demás la próxima semana (el 22) empiezo el turno nocturno, y con eso se cristaliza el cambio mpleto. Se ve un poco oscuro todo. Y no lo digo para jugar con las palabras, de verdad tengo miedo. Un tranquilo pánico. No es como cuando llegué a Nueva Zelanda, cuando todo era horizonte y caos. Ese era otro miedo. Ahora es uno de aguantar, como he aguantado hasta ahora, pero un poco más. De resistir. Pero sin la novedad, sin el toque familiar que construimos en estos meses que parecieron años. Detalles, como la posibilidad de relajarse en el silencio, de calmarse solo con la presencia, o entenderse, y reír, usando malamente un idioma ajeno como puente.

Ya lo decía al principio de este blog. Lo más difícil que he tenido -y aún tengo-, que enfrentar, son los adiós. El ver partir, o el partir. Y creo que solamente me era posible sobrellevarlo hasta ahora porque tenía a mis amigos al lado, y con ellos un camino. Hoy tengo un camino también, estamos haciendo malabares con la Caro para tratar de que funcione. Y en eso me apoyo. En ella y en que resulte todo, o no, pero que al menos lo intentemos. 


Pero aún así, esta será una de las despedidas más difíciles, de siempre.






miércoles, 31 de diciembre de 2014

El riesgo en una vida segura. Y año nuevo.


Hay un riesgo en que la vida se haga muy segura. Empieza a dejar de tener valor el relatarla. 

Obviamente son todas superficies, ilusiones, usando términos que podrían hacerle un guiño al budismo o hinduismo. Ya sabemos, la seguridad se sacude como un perro el agua, en un segundo. No hay brazos lo suficientemente fuertes para aguantar el remezón. Y cuando te llegas a convencer de que todo esta fijo, hay peligro. 

En estos momentos estoy en un trabajo con contrato hasta fines de marzo, en un departamento que conozco hace un par de meses y en una ciudad a la que me he acostumbrado. Se han difuminado las nociones de viaje y vida cotidiana. Y pareciera que me vence la tendencia a la piedra. Pero aún así los cambios no dejan de ocurrir, aunque con la sensación de dejarme en el mismo lugar.

En un par de semanas Tom y Mati se van con Sina a recorrer la isla sur un tiempo y después buscaran pega por allá. Se separan los caminos. Yo me quedo porque es mucho dinero el recorrido, no tengo tantos ahorros y necesito juntar lo más que pueda en estos meses si quiero seguir viajando, en especial ahora que se viene la Caro en marzo (eso es lo mejor de estos cambios). Los chicos no tienen tanta necesidad de plata y quieren recorrer durante el verano, al final, los intereses son distintos, y es extraño, y ya se siente difícil. Mal que mal hemos estado recorriendo estas tierras por poco más de 9 meses.

Me cambiaré de cuarto, a uno solo, pero en el mismo departamento. Ayer y hoy en la noche estaré con turno nocturno de (11pm a 7am), por lo que pasaré el año nuevo trabajando, pero igual creo que me podré arrancar unos minutos para ver los fuegos artificiales. Y eso no me complica tanto como el hecho de que va a ser mi primera noche solo, y hacer la limpieza mientras todos están en modalidad año nuevo... bueno. Veremos que pasa. 

La vida da y quita. Va a ser muy raro seguir sin los chicos, quedarse "solo" en esta ciudad, porque además Sophie y Adrian se van también por la misma fecha. Además viviendo de noche, porque a partir de mediados de enero dejo definitivamente el turno de día y estaré haciendo solo la noche. No sé. Parece que se ve que estos meses no van a ser fáciles, o así lo siento. Pero es la decisión que tomé. 

La navidad la pasamos los tres en el depa, Tom, Mati y yo, recordando cosas del viaje, echando la talla, pelando el cable con teorías conspirativas y riéndonos de eso. Probablemente lo más familiar que podría haber tenido como navidad. El año nuevo, bueno, como ya contaba. Es esta noche y estaré trabajando. Por ahora llueve muy fuerte, como no pasaba hace muchos días. Extraño. Quizás por eso también ando un poco gris.

Como sea, viendo las cosas positivas, Wellington ya se ha convertido en una de mis ciudades, probablemente después de Santiago es la que más conozco y en la que más tiempo he vivido (consciente, ya que en Valpo viví cuando era niño, al igual que en Quito). Por otro lado, la pega no es mala, la gente es amable y creo que es cosa que le tome el ritmo, sobre todo al turno nocturno. Con el tiempo sé que se ira haciendo más llevadero, además que está el Simon ahí, y aunque ahora último no hemos ido mucho al cine, ya que se metió en otra pega y esta re-cansado, es bueno saber que hay un amigo cerca.

*Actualización:

Ya es 31 acá, la pega no estuvo tan mala pese a que fue larguísima, como 10 horas y media al final. No vi ni una custión de fuegos artificiales pero ni me sentí mal. Me saludaron harto y mucha gente fue muy amable durante el trayecto de la noche.

Por lo demás antes había ido al waterfront con Adrian y Sophie para ver los primeros fuegos artificiales (porque acá hay unos a las 10pm para los niños y de ahí vienen los otros para los adultos, a las 12), pero no vimos nada porque llegamos tarde, aunque igual escuchamos a una orquesta sinfónica tocar canciones de Disney y de James Bond. Locura máxima.

Después entré al laburo y eso, estaba todo horrible por una horda de alemanes que había decidido hacer la previa en el hostal, por lo mismo nos demoramos más. Y ya no me acuerdo de mucho porque me estoy cayendo del sueño.

Feliz Año Nuevo a todos! y espero que este 2015.. ¿sea un buen año?

Fotos de por ahí, de cuando vino el Nico y la Laura hace uns días (fue muy bacán verlos), y de ayer en la noche (que no salieron muy bien)












Esta "piedra" es un diente, del primer fósil encontrado, incluso antes de que se acuñara la palabra dinosaurio, por allá en el 1820. Algo así como la piedra fundacional de la dinosaurología. Y está en el Te Papa (museo Neo Zelandes).







viernes, 5 de diciembre de 2014

Si 20 años no es nada, un mes es aproximadamente 0,4% de nada


Sabía que hace mucho tiempo no actualizaba el Blog. No pensaba que tanto. Ya va un mes, quizás la mayor cantidad de tiempo que he dejado pasar y hay una razón muy buena para ello. Volví a Santiago.

Volví a un trabajo regular, a un departamento cómodo, a ir al super periódicamente y ver series en el notebook -gracias a un buen Wifi-. Es otra comuna quizás, pero tiene el alma de esa vida que había dejado atrás. 

Poco a poco me estaba desvaneciendo. Con lo bueno y lo malo de eso.

Pero ya no más, lo siento. Tu hora pasó. Hoy renuncié al restaurant y la próxima será mi última semana. Me empuje no más. Buscaré otra cosa y si no sale, tomaré rumbo al sur. Lo cierto es que ahora me preocupa ahorrar lo más que pueda, ya van 8 meses y las cuentas no son muy positivas en la plata, pero si en la experiencia, así que no me quejo. 

Y si bien este último tiempo no ha sido una aventura salvaje, a tenido algo de aventura urbana. Hoy por primera vez le ayudé a un turista, que me pregunto como llegar a un lado. Y así voy notando que ya tengo algo de Wellington, algo que me llevaré a donde vaya.

Por otro lado la Caro se viene en Marzo, esta ahorrando pa eso de hecho, y de ahí veremos como nos sale acá la cosa. Estaremos unos meses y de ahí a intentar en Australia. Así que necesito toda la plata que pueda juntar, pa seguir el viaje y pa la vida. 

A veces creo que esa es una de las grandes diferencias con otros mochileros que me he topado por acá, es distinto todo cuando ésta es tu vida y no solo un paréntesis. Cuando no hay casa a la que volver, no hay trabajo que te espere ni estudios que seguir. Lo que hago es lo que soy. Y así es más fácil acordarse que el futuro es hoy.

Y pensando en eso, tengo pendiente el escribir algo para desmitificar Nueva Zelanda y como lo están vendiendo en algunos medios (según lo que he visto), es una experiencia totalmente recomendable y que vale la pena por muchas cosas, pero no es para hacerse rico. Salvo contadas excepciones, como en todo. Pero bueno, ya veré eso después. 

Con el Simon tuvimos después del último martes de cine una conversación re buena al respecto. No me acuerdo de mucho porque nunca he tenido buena memoria -y por algo escribo este blog-, pero creo que ambos estábamos de acuerdo en que Nueva Zelanda era un buen primer paso para seguir viajando, pero no era espectacular para vivir, o para modificar tu vida con oportunidades "económicas". Igual como en todo, lo principal es tratar de tener claro que es lo que uno quiere, para adecuar el camino y adecuarse en el camino según eso. Y ciertamente es lo más difícil también. 

Yo sé que quiero seguir viajando, y no temer al mañana.

Entre otras cosas, en este tiempo, pasó mi cumple. Lo celebré acá en el departamento con unos amigos, el mismo Simon, el Katsumi y el Billy, además de Sophie y Adrian, también estuvo un poco Tom, pero estaba cansado porque trabajó ese día, y Mati trabajó en la noche. Fue una buena celebración, ya la recuerdo con cariño. Adrian y Sophie le pusieron el toque familiar y me regalaron un muffin de chocolate con una velita y un libro para hacer origamis. El Billy se rajó con un Vodka y yo tenía unas cervezas y cosas pa picar, nos pusimos a ver videos en youtube y poner cosas raras, por lo que terminamos haciendo Karaoke en japones con Katsumi y Sophie, de hecho, el Katsumi estaba un poco sorprendido de ver a un chileno y una francesa cantando tan bien en japones, cof, cof, cof.. hasta nos grabo (eh, si.. es como cliché, pero bueno). Ah!, y el Billy nos mostró cantos tradicionales de Mongolia, fue genial!, el es de la capital, Ulan Bator, pero es un enamorado del desierto de Gobi. Si tengo cuea y puedo ir para allá, nos llevará dónde los nómades. Sería genial.


Ah, y el martes siguiente fuimos a un Karaoke de verdad con Mati, Tom, Sina, Simon, Katsumi, Max que es un amigo de Sina que es re simpático, y Grace, otra amiga de Sina. Los cabros querían hacer algo como no pudieron estar el sábado y como cachan que soy malito pal canturreo fuimos allá. Aunque no fue una de mis mejores actuaciones (cuek) el loco de la animación dijo que muchos habían pedido esa canción pero nunca nadie había cantado Under The Bridge como yo. No sé si pa bien o pa mal, pero de que fui único, lo fui... Eso de ser ezpezial.

Y eso, he ido al cine harto con el Simon, todos los martes de hecho, por lo que ya es una tradición a estas alturas. Me he juntado harto con Adrian y Sophie también, de hecho el otro día conectamos los notebooks con Adrian y jugamos Age of Empires Mythology, que me lo prestó y evidentemente lo tengo que jugar en francés, pero bueno, ya le he ido cachando la mano. Y lo más importante es que, pese a todas las cosas ñoñas que he hecho en mi vida, nunca había jugado al mismo tiempo con alguien, así conectado con un cable. Estrellita nerd para mi.

Sobre la pega, bueno, ya estaba cansado del restaurant. El ambiente no ha estado muy bueno ahora último, el dueño/chef es de esos tipos que nunca dice -de verdad nunca- nada positivo, por el contrario, siempre le encuentra algo malo a lo que haces, y como al chef en jefe le dio un ataque cardíaco (de lo que me enteré hace una semanas, pero lleva ausente como un mes y algo, bien ahí la comunicación interna), está él casi siempre en la cocina. Es una presencia de estrés constante, en un ambiente de por sí estresante como un restaurant grande, y por lo mismo creo que he visto tanta rotación de gente. Pero bueno. Ya fue. Presenté dignamente la renuncia y si bien había repasado en mi mente unas cuantas cosas para decirle, esperé a un momento en el que estuviera tranquilo (yo), y así fui, sereno, y le dije que era mi última semana y punto. Todo bien. Mejor irse por la puerta ancha.

Además que es cosa de uno hacerse problemas por leseras, o citando a la May, hay que saber distinguir los problemas de las weas. Y es que si respiro profundo se van. Que la tetera que se quebró y me va a cobrar, que su actitud, que las horas, que cuanta cosa se da vueltas por la cabeza y como un motor va encendiendo la rabia. Pero no vale la pena. Si voy a luchar por alguna injusticia, que sea una por la que valga la pena luchar. La energía escasea en estos días indiferentes, y hay que saberla usar.

Bueno, también estoy practicando más con la guitarra pa que cuando venga la Caro nos pongamos a tocar por ahí. Se me hace que será más fácil en Australia. Ya tenemos unas cancioncitas, que si nos salen bien, pos pa seguir el camino nos servirán. Y no digo más por que me da vergüenza. 

(Si, a veces tengo).


Mi cámara lleva un buen tiempo mala y arreglarla -como cualquier cosa acá- es salado, aunque arreglé los lentes, esa es una gran novedad, y una inversión que tenía que hacer. Por fin veo todo en HD!, jajaja, bueno, como iba diciendo, no tengo muchas fotos decentes por eso, pero algunas rescaté del celular durante estos días.

Acá dejo algo entonces, y si me acuerdo de alguna cosa más de este noviembre que me salté, pues lo escribiré más adelante. 

Fotos

Paseando por Wellington(Congreso y otros lados):







Fotos en el depa:






Por ahí y por allá:






Fuegos artificiales del 5 de Noviembre:





Vista desde la casa de Sophie y Adrian: