jueves, 29 de mayo de 2014

Casi, una vida normal

Ya es 30 de mayo, y prácticamente dos meses exactos llevo en Nueva Zelanda. Cuando miro atrás parece un año entero, y por lo mismo es emocionante pensar en lo que se viene. Aunque al mismo tiempo, en estas semanas, el tiempo ha jugado con sus giros y revoltijos recursivos, provocando ocasionalmente la sensación de estar viviendo una vida normal. Cotidiana, hasta rutinaria. Lo que siempre termina siendo un espejismo.

Hoy parto la tercera semana en la packhouse, y me alegra saber que en los últimos días alcancé el grado de felicidad propio de no estar enajenado, de apoderarse del trabajo, no pensando que es una plataforma para algo mejor, si no que creyendo, y viviendo, que es en sí la experiencia de algo mejor.

Ya me da lo mismo si la línea se echa a perder y me ataca una avalancha de kiwis, o si me equivoco al contar o seleccionar en una caja –por si alguna vez comen un Kiwi con alguna forma rara, piensen en mi-, ya todo da un poco lo mismo. La mayor parte del tiempo las cosas salen bien, es parte de ir siguiendo un flujo. Bailando, cantando, o tratando de conversar con quien esté en la línea de atrás o del frente.

Ayer y hoy tuve los días off, o libres. Ayer organicé una pichanga y salió re-bien, en un principió pensé que iría más gente, pero al final fuimos 17 no más, 9 contra 8. La próxima semana repetiremos el asunto, a ver si hacemos un 11 contra 11. Debo decir que anoté dos goles en una apabullante victoria 7-3, pero siendo honesto, me perdí como 15 oportunidades claritas de gol, así que probablemente para la próxima no juegue adelante. Aunque quien sabe. Lo bonito y lo importante es pegarle al balón.

Después celebramos acá, en el holiday park, donde ya hemos formado una pequeña comunidad italo-francesa-chilena, improvisamos como a las 3 de la mañana una disco trans (de música trans, por si acaso), y nos la pasamos bailando y echando la talla. Terminamos como a las 5 de la mañana, y a las 4pm de hoy, hora digna para levantarse, partimos con Tom a un Spa en Mount Manganui. Aunque no sé si la palabra correcta es Spa, era un lugar con piscinas temperadas. Y por lo demás la primera vez que iba a unas, así que me comporté como se debe. Bien huaso, webiando de una piscina a otra. Por lo demás allá nos encontramos con gente de la pega, Sunghen, de Korea del Sur más Sophie y Adrian -para variar- de Francia.

Después de la piscina fuimos a un bar irlandés en Tauranga, a comer algo y volvimos al Holiday Park, pasamos la tarde con Claudio y Giorgio, los italianos más locos del lugar -lo que ya es harto decir-, aunque debo añadir nuevamente que puta que me cae bien la gente de Italia, y los franceses también, especialmente con los que me junto, pero con los tanos hay, no sé, una especie de locura genérica en común. Y bueno, finalmente me vine acá, a una sala de estar vacía, pues a esta hora están todos durmiendo, y la gente del turno nocturno aún no llega.

Durante el trabajo -que es bastante mecánico- uno tiene tiempo para muchas cosas y dentro de esas cosas, a veces, me pongo a meditar o a reflexionar. Ha sido bien interesante como ejercicio, y hasta para tener presente algunos temas en el día a día. Nada del otro mundo, pero es lo que hay.

Dentro de las cosas que recuerdo está el haber pensado en una noción, de que la una esencia de la sabiduría se encontraba en el ejercicio constante y naturalizado de la empatía.

Mi maestra, que quizás lea esto, dice que la bondad es la más importante de las virtudes. Algo que comparto profundamente. Y la bondad sin empatía no es posible, o más bien, es estéril. Pues si uno no es capaz de saber, escuchar o entender, que es lo que necesita el otro, la bondad pasa a ser un saludo a la bandera. Y digo que es un ejercicio porque es como un músculo, la empatía se puede ejercitar y fortalecer con la experiencia y el aprendizaje adecuado, pero también se puede echar a perder.

Cuando pienso en la gente que considero sabia hablando con otras personas, veo que entienden sus contextos, sus situaciones, y son capaces de leer los motivos de sus penas, angustias, rabias o alegrías. Y reaccionan acorde a eso. Es como si cada persona fuera un iceberg y uno mismo un barco, sin empatía es altamente probable que choquemos, o nos rajemos el casco, con cada uno. Y que, incluso a veces, nos hundamos.

La empatía es al mismo tiempo un universo interno en el cual se acumula el entendimiento de prácticamente todas las experiencias posibles, y se sienten. Por eso tratar de ejercitarla es rudo, porque hay muchas cosas que uno no quiere sentir, que no quiere imaginarse, que no quiere vivir. Podría decir entonces que la vida te fuerza a experimentar ciertas cosas, para tener ese conocimiento y fortalecer la empatía –si uno aprovecha esa experiencia-, pero para ser una buena persona hay que ir incluso un poco más allá de lo que uno ha vivido. O vivir un poco más allá de lo que uno ha sido.

Es un largo camino aquel, y por lo mismo, ligado a otro pensamiento asociado -de esos que tuve en la fábrica-, me declaro conforme por ahora, con lograr no ser un hijo de puta. Ese es el primer paso. Y no es tan fácil como suena.

Cuando estás solo, o crees que estás solo, es muy fácil aferrarse al miedo y reaccionar mal, o pobremente. Por eso lo primero es conquistar el error, que se me vengan encima los kiwis no más, o me confunda empacando, que me equivoque en una transacción o que no entienda a alguien en una tienda. Que de lo mismo todo, como un tsunami inundando las creencias más fundamentales, para que así salga a flote lo que vale la pena. Y no ser un hijo de puta. Que miente, engaña, huye, abusa o utiliza a otros, por miedo. Solo por miedo. Y por suerte, creo que voy bien en eso. Pero aun no está todo listo. Hay harto ejercicio que hacer.

Después, con el tiempo, podré ser un buen cabro. Quizás un buen tipo ya. Y si algún día la vida así lo quiere, alguien medianamente sabio.

Después seguiré escribiendo otras reflexiones, aunque quizás no sean tan entretenidas como las fotos y los entuertos, pero es en sí un viaje. El viaje.

miércoles, 14 de mayo de 2014

De Picking a Packing

Dos de la tarde en la librería de Te Puke, donde el WiFi es gratis. Quizás lo único gratis de por acá como bromeamos con un amigo chileno, sentado a un par de asientos. Hay muchos chilenos por acá. Más argentinos. Especialmente donde vivo es una colonia latina, pero me sigo juntando con gente de todas partes, he aprendido harto italiano -puta que son simpáticos los weones-, algunas cosas de Francés y pese a que estaba practicando alemán por internet, por la falta del mismo, he cortado el estudio, aunque algo se aprende de vez en cuando, conversando.

Ayer fue mi primer turno en una packhouse, o empaquetadora de kiwis, paltas y feijoa. Aunque lo último es pa ponerle color. Es casi puro kiwi por acá. No hay que olvidar que estoy en la capital mundial del kiwi. El turno es nocturno, desde las 6 de la tarde hasta las 3:30 de la mañana, pero ayer terminamos como a las 12:30, aparentemente están ajustando las cosas ya que somos un nuevo turno y quien sabe. No es bueno porque son menos horas, y eso pesa. Pero algo es algo. 

En teoría es más estable que andar pickeando kiwis, un tanto más aburrido también, pero hay algo de interesante en tocar esto del mundo de las fábricas, en cerrar los ojos, abrirlos, y ser un obrero más. Ganando el mínimo, viviendo en los lugares más baratos y tratando de ahorrar en cualquier cosa pa salvar el mes. Y aún así es mejor que Chile. Puta que estamos mal en lo que es pega y paga. Pero bueno, ese es otro tema. 

El miedo ahora es el aguante, resistir al menos un mes, hasta que se termine la temporada (el 15 de junio), haciendo un trabajo absolutamente mecánico. Resumiendo, aunque no hay mucho que contar al respecto, recibo los kiwis de la linea, los meto en la caja, tratando de evitar que no se caigan al suelo ni nada y cierro la caja. A veces uno colapsa porque son muchos y no hay tiempo para cerrar las cajas, a veces va tan lento que te puedes dar vuelta a conversar con quien esta en la fila de atrás, o con quien está adelante. Y así. Recién llevo un día, y veremos. 

Una de las cosas buenas del turno nocturno es que tengo la tarde, por ejemplo, para venir a la librería y usar el WiFi gratis. Así que quizás esté actualizando más seguido, o escribiendoles de a uno, para saber como andan, por que el tema es que por acá cuento como me va, pero de vuelta no llega mucho. De vez en cuando no más recibo novedades de Chile, de las que importan. Y, entre ellas, me enteré hoy de que seré tío.

Mi hermanita -sacando la cara por la familia- tiene dos meses ya, y según las tincadas del Edu, un cuñado de lujo, se viene un hombrecito. Mi mejor amigo de por allá, el Hugo, y mi amiguísima también, la Maca, van a tener su hijo, el Facu, dentro de estas dos semanas. La hija del Emo y la Ada, también uno de mis mejores amigos, ya debe andar por los dos meses y tanto, quizás tres. Y así pos. Está fácil ponerse guaguatero. 

Quizás por eso me arranqué. La naturaleza es sabia, y sabe que hay gente que es mejor que no se reproduzca no más (madre, se que estás leyendo esto, son tallas no más, ok, vas a tener un nieto.. pero me tinca más que por el lado del Pablo en todo caso).

Como sea, estoy bien por acá. Con altos y bajos, ahora más tranquilo y estable, lo que es bueno y malo. Como todo. No hay planes, solo ideas. Y el tiempo pasa y dicta los caminos. Soy feliz conociendo gente, hablando y aprendiendo distintos idiomas y escribiendo. Estoy empezando con los cuentos. Dejando un poco la poesía, para ver si le aplico a algo más. Y quien sabe. Paso a paso.

Por ahora me despido, y espero que estén todos muy bien. Y si les tinca, apliquense con un mail, contando en que andan por allá.

Besos y abrazos.


Algunas fotos de Te Puke:








Una pequeña arrancada a la playa en Papamoa:









Algunas fotos del Picking, aunque nada del momento mismo, porque uno esta tan metido sacando kiwis que es difícil sacar una foto:






Y estas son de por ahí, entre Te Puke, Papamoa y algunos caminos:







Y aquí es donde estoy durmiendo por ahora:






miércoles, 7 de mayo de 2014

La espera

(04-05-2014) Hace 5 días llegamos a la zona de la Bay of Plenty. El primer día paramos en Tauranga, una de las ciudades y puerto principales, por donde llega gran parte del petróleo y los autos a Nueva Zelanda, según pudimos apreciar. Dimos vueltas el miércoles sin saber muy bien qué hacer. Pasamos la noche en Papamoa, un balneario cercano, y poco después del medio día, tras pasear por la playa y hacer algunas compras esenciales,  nos dirigimos a Te Puke, la capital mundial del Kiwi, por si no lo sabían.

Si bien la ciudad no es muy grande en sí todos los alrededores están plagados de granjas y packhouse dedicadas al fruto sagrado de Nueva Zelanda. Por lo mismo, es un lugar que concentra mochileros, viajeros de todo tipo, maoríes y alguno que otro Kiwi (blanco Neo Zelandes), todos en busca de algo de trabajo, ya sea por los dólares que puedes ganar sin tener un muy buen inglés ni experiencia en otras áreas, o por la posibilidad de alargar tu visa, ya que si trabajas unos meses en temas relacionados a la agricultura puedes pedir una extensión de 3 meses más en tu work and holiday.

Llegamos un miércoles, dimos vueltas por la ciudad, le escribimos a algunos contratistas -principalmente Indios- que son los intermediarios entre las granjas y los trabajadores, y quienes evidentemente cortan un buen pedazo de la torta por este hecho. No había mucho para el día, así que solo dimos vueltas y al final terminamos en una especie de hostal con caravanas, donde terminamos pagando para estar por una semana, esperando a tener algo de suerte.

Aquí nos encontramos con Nicolás, el ya había llegado unos días antes y está en un grupo de chilenos que lleva un buen tiempo. Usualmente tienen alguna que otra oferta de trabajo y han tenido días buenos y malos. Pero desde afuera, han tenido suerte. Varios ya se han ido de acá. Las últimas semanas han sido difíciles, por las lluvias y granizos, lo que ha detenido la mayoría de las cosechas por varios días y ha disminuido otras.

Eso es algo que uno aprende rápido acá. Si llueve, no hay trabajo. Y como te pagan por hora, si tienes suerte, o por producción –lo que puede ser o mejor o mucho peor, y por ende más inestable-, si no se trabaja un día, se siente. Varios ya se aburrieron de escuchar el discurso de que hoy no hay nada, pero tal vez mañana algo. O que la próxima semana empieza fuerte el tema. Otros tienen algo de trabajo, pero un par de horas, y a veces tienen que esperar un buen rato antes de empezar. Tiempo que evidentemente no se paga.

Nosotros, Tom Mati y yo, llevamos ya 5 días esperando. Si no todos los días, casi todos, hemos visto la misma historia. Que puede haber algo, que llamemos, que nos dicen que si o algo no muy claro, pero al día con toda claridad te dicen que no hay cosecha que hacer. Por lo demás hemos ido varias veces a prácticamente todas las packhouses de la zona, para hacer aplicaciones, pues ahí el trabajo es más estable, en teoría, ya que poco antes de llegar varias de estas estuvieron paradas por días o hasta casi una semana, porque no había cosecha.

La cosa esta mala. Es difícil este ritmo de vida, tan incierto, casi nadie tiene claro lo que va a hacer el día siguiente, si habrá trabajo, por cuanto tiempo, cuanto pagarán, o cuáles son las condiciones. Si hay, hazlo. Es mejor que nada. Esa es la premisa al final. Lo bueno, es que en general hay buena onda por acá, y como muchos están en la misma, no queda más que enfrentar la situación en grupo. Conversando de cualquier cosa, aprendiendo de las diferentes culturas o la vida simplemente.

Sigo siendo de los más extraños por acá. No por ser chileno, hay varios por acá y sobre todo argentinos dentro de los latinos, aunque me junto más con los de otras partes, para practicar el inglés. Soy de los más extraños porque quien sabría decirlo. Pero se nota. Te lo dicen de hecho. No es ni malo ni bueno, o quizás. 

La cosa es que es interesante saber que es algo internacional esta clase de locura.


Por ahora seguiré esperando. Como siempre, puede que mañana haya algo*

(*Justo después de salir de la sala donde escribí esto me avisaron que había trabajo, y ese fue mi primer día de picking. Una historia para la próxima ocasión).

**Quedo debiendo las fotos, porque tengo poco interné.

domingo, 27 de abril de 2014

Sunrise/Sunset

Antes de ayer, el viernes, fuimos a buscar el auto al mecánico con Tom. Estábamos un tanto nerviosos por todo lo que había pasado, pero los chilenos (Speedy Gonzalez, por si alguien anda por Auckland -Henderson- y quiere unos buenos mecánicos), fueron re-amables y una vez más nos explicaron todo. O me explicaron todo, porque Tom no entiende mucho el español, y menos el chileno.

La cosa es que parecía que todo andaba bien, le pusieron un liquido para sellar la grieta que estaba filtrando aceite al radiador, se hizo la limpieza del carburador, el cambio de aceite, e incluso un cambio de un par de llantas. Pero, lo importante, es que había que probar el auto antes de usarlo en viajes largos.

Por eso decidimos pasar la noche en Fat Cat, pero al día siguiente teníamos que partir, no muy lejos, pero había que moverse para saber si estaba todo bien. Y además ya lo habíamos conversado, ambos teníamos la necesidad de salir, ir a otras partes.

Justo había un asado esa noche, varios de los antiguos viajeros habían vuelto y fue un buen momento. Era el timming perfecto para partir. Se pasó rápida la noche, conversando con un grupo de argentinos y otros amigos del hostal, y al día siguiente nos despedimos. Aunque más bien fue un hasta pronto, porque el lunes (mañana) tendríamos que volver para el chequeo del auto, y ahí pasaríamos a despedirnos de verdad.

Quizás Mati se nos una, quizás no. Romain y Laurie, una pareja de franceses con quienes hemos estado todo este mes se van a Tailandia el martes, Glen y Emily, otra pareja Canadiense-Estadounidense, y también parte del grupo que lleva más de un mes en Fat Cat se van a un departamento en Auckland, y así. Mañana será el día de las despedidas.

El sábado nos despedimos a medias entonces, y con Tom arreglamos las cosas del auto y marchamos. Al principio queríamos venir a Piha, la playa que conocí en mi primer día acá, pero el camino es montañoso, con muchas subidas y bajadas y preferimos algo más simple para la primera excursión con el auto recién arreglado, así que fuimos a Orewa, una pequeña ciudad costera unos 40 minutos al norte de Auckland, pero para el lado del Pacífico.

La van funcionó bien. Llegamos, aparcamos en un estacionamiento gratuito en el centro, o algo como el centro, la verdad es que estas ciudades no tienen plazas o algo que las marque como las nuestras, solo avenidas más “comerciales” que otras. Nos pusimos a caminar un buen rato. El paisaje era hermoso, como en casi todos los lados que he visitado hasta ahora de Nueva Zelanda. Nada que decir al respecto. De hecho, creo que hasta uno se pone un poco insensible a la belleza al poco tiempo.

Después de dar vueltas un buen rato, caminando por parques, playas y suburbios, nos vino la duda de donde podríamos quedarnos. Curiosamente creo que el tener una postura libertaria me da cierta noción paranoide respecto a lo que pueden hacer o no las policías. Por eso fue que hablé con Tom y decidimos ir directamente a la estación de policía a preguntar donde se podía estacionar/acampar y si es que había un problema con eso.

Curiosamente también fueron muy amables, nos dijeron que no eran muy estrictos al respecto, que había un lugar cerca de la escuela de surf donde podríamos estar un par de noches gratis y todo bien. Fuimos al lugar, al principio nos confundimos y fuimos a una especie de hotel para campers, ahí cobraban como 36 dólares la noche. Así que nos devolvimos a donde pensamos que podría ser el lugar que nos habían indicado, y nos quedamos ahí.

Al principio teníamos algo de miedo, o recelo. Las multas pueden ser bien altas por estos lados. Pero al final, como habíamos ido a la estación y habíamos preguntado y todo, tan nerviosos no estábamos.

Pasamos la noche en ese lugar, un estacionamiento en frente -literalmente al frente- de la playa, y me desperté un poco antes del amanecer, para ver salir el sol desde el Pacífico. La primera vez que no lo veo ocultarse en ese mar tan familiar. Tuve que esperar un rato a que Tom despertara, usamos los baños públicos, que usualmente están en excelentes condiciones, y partimos a una Pizza Hut.

Resulta que la noche anterior, mientras caminábamos por el pequeño centro o calle comercial de Orewa, fuimos a comer algo y compramos unos mini rollos de arrollados de primavera. Y no escatimo recursos al decir mini. Realmente pequeños. Sabrosos, pero insignificantes. Costaban como 3 dólares los 8, y juntos no eran ni uno de los de por allá. Así que entre conversa y conversa algo dice Tom y yo le digo:

-Pero a ver, dime algo que hayas visto que sea barato acá
- Y me dice “Pizza Hut”
-¿Pizza Hut?
-Sí, no sé porque acá es barato, allá en Francia es caro, pero acá puedes comprar una pizza personal (no tan pequeña) por 5 dólares.
-Vamos a tener que ir entonces*

*Puede que la traducción no sea la más apropiada, o que haya modificado algunas cosas, pero esa es la idea.

Así que partimos en busca de una Pizza Hut, llegamos a un pueblo, Whangaraoa, si mal no recuerdo -y usted, dígalo bien-, donde encontramos dicho local (gracias a la ayudad de Google Maps), pero eso sí, un poco antes de que abrieran. Así que nos fuimos a dar unas vueltas por el Mall que estaba al lado. Fue algo rápido porque a ninguno de los dos nos  gustan esos lugares, pero aprovechamos de buscar una especie de tetera o algo para el café que quería Tom. Evidentemente no encontramos nada.

Después salimos del Mall y en el estacionamiento nos encontramos como con una especie de mercado. La gente estaba vendiendo cosas de segunda mano desde sus autos. Me recordó a la feria en José Arrieta, o en el Forestal. Pero era en un Mall en una ciudad costera y con puros autos y gente gringa. Igualito. De todas formas, igual fue agradable ver algo no-tan ordenado. Gente vendiendo sus cosas directamente, y eso. Al rato fuimos a la Pizza Hut, los primeros clientes del día, obvio. Pedimos unas pizzas, bien buenas. De hecho tan buenas que aún siento su sabor de vez en cuando.

Y tras terminar de comer decidimos venir a Piha, la playa del primer día, el lugar al cual no queríamos venir porque el camino era complicado, y todo eso. Ahora escribo esto desde un estacionamiento al frente, realmente al frente, de la playa. Ya son pasada las 8 de la noche, no hay luz, más que la del notebook y bueno, hace no mucho, vimos el atardecer en el mar de Tasmania. Es decir, en este día, vimos salir el sol en el mar, y ocultarse nuevamente en otro mar. Algo de belleza hay en eso, ¿no?

Recorrimos por acá, subimos una pequeña cuesta, sacamos fotos, buscamos un lugar para acampar, no encontramos, volvimos al estacionamiento al que llegamos al principio y esperamos que no haya problemas esta noche. Mañana temprano iremos a Henderson, a ver a los mecánicos chilenos, y si el último chequeo sale bien, iremos a despedirnos de la gente en Fat Cat y partiremos rumbo a Tauranga. A buscar laburo y quien sabe que más.

Así que eso pues. Creo que me alargué más que otras veces ahora, pero debe ser porqué ahora escribí sin estar conectado a internet. Gajes del oficio.


Por ahora, buenas noches simplemente, y que descansen.

Fotos:

1.- Al llegar a Orewa:




 2.- Sunrise en Orewa:



 3.- Sunset en Piha:








                                    

miércoles, 23 de abril de 2014

En cualquier lugar, en cualquier otro lado del mundo



Han pasado unos cuantos días desde que escribí la última vez. Estaba esperando tener las cosas claras con el auto, y quizás alguna buena noticia. Pero como fue pascua y acá celebran desde el viernes hasta el lunes, no hubo mucho que hacer. Ya ví todas las temporadas de Game of Thrones, terminé How I met your mother, estoy al día con The Big Bang Theory, y así. Creo que se entiende la idea.

Por supuesto he conocido mucha gente nueva, que viene y se va. Mal que mal estoy en un hostal. Llegó hace unos días el Nico, un amigo de Chile, pero se fue al día siguiente a Tauranga directamente. Aparentemente una mejor decisión de la que tomé yo en un principio. Pero todos somos generales después de la guerra. 

Por ahora tenemos que seguir esperando con Tom. Mañana debería estar listo el auto si todo sale bien y esperamos poder -mañana mismo o el fin de semana-, salir a buscar trabajo en alguna granja por ahí. Lo bueno es que está comenzando la temporada del Kiwi, y algo podremos hacer.

De vez en cuando camino por acá y me doy cuenta que el paisaje es hermoso. Que es un lugar tranquilo. Que estoy al otro lado del mundo. Y cuando me senté hoy a comer algo en un parque, bajo una suave lluvia a la vuelta del taller mecánico, me dí cuenta que cualquier lugar podría ser el otro lado del mundo. Ese parque podría ser Santiago. Podría ser Sao Paulo. Podría ser Paris. Es raro como los kilómetros no se notan en las aceras, ni en el pasto.

Mañana es el ANZAC day, otro feriado. Se conmemora una batalla de la primera Guerra Mundial, en Turquia, en la que murieron como 10 mil soldados de Australia y Nueva Zelanda y unos 33 mil de Inglaterra. Creo que además se usa para conmemorar a todos los caídos en otras guerras de esta alianza (Aus y NZ). Pero el taller estará abierto.

Sobre el recuento cronológico de los primeros días, el tercer día -miércoles 2 de abril- fuimos nuevamente a Auckland con Mati pero esta vez al norte de la ciudad, a Takapuna, para sacar el IRD (el tema del impuesto) y nos fue bien. Conocimos a unas chilenas en la oficina, dimos unas vueltas, comimos comida coreana (un tanto picante), dimos más vueltas y en Auckland nos despedimos de las chilenas para después volver a Fat Cat. Ese fue el día del terremoto, o ese día nos enteramos.

Fue un momento bien extraño y complejo. Con Leo, otro chileno en el hostal, nos preocupamos. Pero por lo que nos llegaba parecía que estaba todo controlado, al menos de alguna u otra forma. Aunque quizás lo que -egoístamente- nos tenía un tanto más tranquilos era que ninguno tenía familiares en el norte. De todas formas fue una lástima y estuvimos actualizando constantemente las noticias.

El día siguiente, el jueves, puedo decir que fue uno de los días más extraños e interesantes que he tenido en Nueva Zelanda, hasta ahora. Me quedé de juntar con Xin (la chica que conocí en el tren el primer día) en Mairangi Bay, una playa al norte de Auckland. Todo para ver una intervención artística. Fue complejo llegar, pero no tanto tampoco. Partí temprano y como llegué un poco antes me quedé en la playa. Ese día probé mi celular y subí la primera (y hasta ahora única) foto de NZ a facebook. Fue una tranquila y hermosa mañana.

Al tiempo llegó Xin y Chris. No sé porque pero pensé que sería más gente. Venían un con carrito lleno de distintas cosas, plantas, mallas, herramientas, plásticos. Era una intervención itinerante. Ellos tienen una página/proyecto que se llama "making-do.smal-lab.com" (el proyecto exclusivo de Chris esta acá: http://making-do.tumblr.com) y básicamente consiste en hacer pequeñas cosas, como arreglar algo o cambiar elementos sencillos de la ciudad (intervenciones) durante caminatas por cierta zona.

Barrimos una calle con una escoba que hicimos con hojas de bambú, pusimos una rejilla en una canaleta que era un tanto grande, amarramos unos cables que estaban soltándose de un poste de la luz, armamos una pequeña choza (en la que almorzamos y donde nos cubrimos de la -intensa- lluvia) en un bosquesillo al lado de unas canchas de golf, amarramos una cabeza de chancho de juguete a una entrada de una casa, sembramos unas plantas cerca de un paradero. Y así se nos pasó la tarde.

Después me devolví al hostal, pero se me había olvidado que había quedado de juntarme con la familia chilena a la que le había traído un encargo. Conversamos y me esperaron en Henderson. Estaba empapado y estuve esperando un buen rato ya que no supe coordinar bien. Pero fue bueno verlos. Cenamos comida casera, y tuve ese toque hogareño que siempre es bueno en la distancia para cerrar el día.

Me fueron a dejar al hostal, estaba lloviendo fuerte, y como se me había olvidado el encargo tuve que ir corriendo a buscarlo (hay que cruzar el jardín y un poco más para llegar al hostal desde la entrada de autos, que estaba cerrada), se los entregué y de ahí me dediqué a secarme.

Fue un buen día por lo que recuerdo.

Fotos:

En Mairangui Bay (primeras fotos con el smartphone):









2.- Fotos de la intervención: