Esta noche es menos fría que la
anterior. Y eso es bastante. Es mucho.
Han pasado muchas cosas en estos días,
así que trataré de ir en orden.
El domingo terminamos en la
packhouse. Cerraron el turno antes de lo que tenía previsto, brotaron las
despedidas y al mismo tiempo se repetía la pregunta de rigor: ¿Y qué vas a
hacer ahora? Algunos respondían que viajarían, casi todos ellos al sur
prometido, Christchurch, donde hay -supuestamente- trabajo a destajo. Otros, que se quedarían
al pruning, que es cortar las matas de kiwis. Otros intentarían con el
repacking. Y la mayoría, en cambio, se entregaba a la incertidumbre. Ahí estaba
yo, por supuesto.
Fue un extraño día ese domingo.
El fin de una ilusión de rutina, un juego mental denso en una situación de
viaje como este. Y era un buen trabajo, de mierda, pero un buen trabajo. No
fuimos a ninguna celebración ni nada ese día, fue llegar al Holiday Park,
conversar un poco, comer y dormir.
El primer plan que se nos ocurrió fue recorrer, por un par de días, las zonas turísticas antes de
empezar a buscar un nuevo trabajo. Ibamos a ser Tom, Mati, Katheryn, Cecilia y yo, pero
anunciaron lluvias desde el lunes hasta el jueves, además de que Katheryn
vendió su auto, por lo que solo quedaba nuestra van. Así que, después de pensarlo un
poco, decidí bajarme para que fueran ellos no más. Me quedaría en el
Holiday Park.
Llegó el lunes, y habíamos
organizado un último partido con los chicos del shift, pero era el primer día
de lluvia, lo que espantó a muchos. Al final solo fuimos 5, pero la pasamos
bien, además prácticamente no llovió mientras jugamos. Después, en la tarde,
fuimos a una fiesta de cierre del trabajo, de la temporada. Era solo para la
gente del turno de día (yo estaba en el nocturno), pero unos amigos (Giorgio y
Andrés) nos habían invitado y entramos igual al final, pagando 10 dólares eso
sí. Quizás no fue una gran fiesta, había problemas con la música, las luces no
eran buenas, se acabó la cerveza temprano y terminó a las 12, pero algo ocurrió
-algo- que lo cambió todo…
Había karaoke.
Partí colándome en un YMCA,
después en la Lambada, y traté de rescatar, sin éxito, un Are You In de
Incubus. Pero solo eran colaboraciones, y bien pencas por lo demás, así que
pedí una para mí no más: Suspicious Minds, del Elvis. Ya no estaba sorprendido
por el hecho de que hubiera Karaoke en una fiesta bailable, y habiendo superado
el shock cultural, y sobrepasando el hecho de no haber consumido mucho alcohol,
me hice del micrófono y me lancé al agua, paradójicamente, en una isla. Y me
fue bien pos. Me aplaudieron, felicitaron, una supervisora dijo que de verdá
sabía cantar, y yo ya no podía más de rojors. Obvio que la gente volvió a
bailar y quedó ahí no más, pero pa mi siempre será mi primer karaoke overseas,
como le dicen por acá. Un hermoso recuerdo.
Y eso, después que la fiesta
terminó en el local continuaba en una casa, la cual nunca encontramos, así que
nos devolvimos al Holiday Park. Al día siguiente los chicos se irían y yo tenía
que ver donde me iba a quedar, ya que la que ha sido mi casa por más de un mes
se iba a ir a recorrer otros lados sin mí.
El martes, bien temprano -pues
hay que hacer el check out antes de las 10am-, empezamos a preparar las cosas.
Hablé con la gente de acá y me arrendé una caravan -para mí solo- por dos noches, a 20
dólares cada una, lo que me dolió un poco, pero bueno. Saqué mis cosas, lo
básico, y las puse acá (estoy escribiendo desde esa caravan, por si acaso), y
los chicos pusieron sus cosas en la van. Se demoraron su buen resto en partir,
parecía que nunca se irían, entre la lluvia y la indecisión pasaron horas, pero
al final se fueron y me despedí de Mati y Cecilia, quienes después se irían
directo al norte de probar suerte con la temporada de la mandarina, y de
Kathryn, quien se iba para Auckland, y a viajar después a Malasia.
Con Nicolás, mi amigo de Chile, y
otra gente del shift hemos estado en contacto para tratar de buscar una casa y
arrendar en conjunto, pero antes se hace perentorio encontrar un nuevo laburo.
Y las cosas han estado medias estáticas con este temporal. Ayer martes fue un
día quieto, muy quieto. Lluvioso como pocos días he visto, sobre todo
considerando que ya había llovido bastante el lunes. La noche fue fría y con un
vendaval intenso. En Auckland los vientos fueron de 145 km/h, y por acá no
fueron mucho menos.
En la noche mi caravan se movía como si un gigante la estuviera
agitando, como tratando de saber si le quedan monedas adentro. Y las ramas del árbol
que tengo encima golpeaban una y otra vez. Fuerte. Y como estoy al lado de la
carretera, cuando pasa un camión tiembla. Y eran tantas cosas que ahora me da
risa. No sé cómo me logré dormir, pero lo logré. Como a las 4 de la mañana eso
sí.
Hoy también fue un día quieto, y
llovió loquísimamente. Pero no siento el mismo frío de ayer. Conversé mucho
con Mati y Silvina, una pareja argentina que ya había conocido en Fat Cat y que
nos encontramos acá de nuevo, en el Holiday Park. Me bañé sintiendo la lluvia en el
techo de las ducha, jugué en el notebook, volví a pasar un buen
rato con mis porteños favoritos, como les digo, y en la cocina terminé por
comer una cazuelita y unas sopaipillas que cocinó un amigo chileno pa la gente
de acá. Y quizás por eso ya no tengo tanto frío. Quién sabe.
¿Qué historia quieres contar?, me
y te pregunto. Pues cuando uno sonríe al final del día se desdibujan y se
vuelven a dibujar todas las cosas. Y todo parece más amable, menos húmedo,
menos solitario. Uno construye su propia historia.
¿Y qué quieres construir?
*Y hablando de eso, la otra noche
tuve una conversación muy interesante con un Neozelandes, Aaron, sobre el
comunitarismo, o construcción de pequeñas comunidades como una opción para
vivir mejor en este mundors. Y quisiera acordarme de eso, porque es parte de lo
que quiero construir.
**Actualización: El jueves por fin salí del
Holiday park y nos juntamos con amigos del shift de la packhouse, tomamos unas
cervezas y esperamos el partido inaugural del mundial. Y ahora, estoy donde
mismo, pues volví para ver los partidos de México-Camerun, España-Holanda y
Chile-Australia. Así que todo bien, re bien de hecho, mientras hacemos la
previa esperando a que sea de madrugada en esta noche de viernes. Ah, y aún no
sé ni en que voy a trabajar ni donde voy a vivir ahora. Y quien sabe en
realidad.
Algunos fotos de el último día en la packhouse y otras cosas:
I.- Último día:
Una cena chilena en el Holiday Park:
Afuerita de la fiesta del Karaoke (no estaba tan ebrio como parezco, y no había mucho que tomar tampoco xD)
Una foto tras uno de los partidos que organizamos con la gente del shift:
Ayer, en la invasión chilena a la casa méxicana, donde ahora veré el partido de Chile:
Otras fotos -antes del último- día en la packhouse: