martes, 17 de junio de 2014

Adiós Te Puke, no llores por mi

Y finalmente abandoné Te Puke. Después de más de un mes y medio, la mayor cantidad de tiempo que he pasado en un lugar acá en NZ. 

El cliché dicta decir que fue una mezcla de sensaciones, pero muchos de los amigos y conocidos ya se habían ido antes. Muchas despedidas en poco tiempo. Solo quedaron los italianos -con quienes vi el partido de Italia/Inglaterra mi último día allá- y un par más. Sé les extraña, claro, pero el pueblo en general ya estaba medio muerto.

Le agradezco a esa ciudad todo lo que me dio, en experiencias, personas, trabajo. Es extraño. Y es que ahora que escribo no siento tanta conexión. Debe ser que he pasado mucho tiempo escribiendo ya, y algo cansado estoy. Si bien no me he movido del sillón prácticamente en todo el día ha sido un día intenso, de muchas emociones. Ya saben, moverse no es la única forma de viajar.

Estoy tratando de reflotar otro blog, que empecé -y nunca continué- hace como 3 años. Más que nada para escritura libre, poesía, cuentos, otro tipo de pensamientos y quizás algo más. A ver que sale.

Necesito organizarme con lo de escribir, siento que puedo hacer algo interesante, pero siempre me mantengo en lo fragmentario. No cohesiono las cosas. Y si no lo intento, voy a quedarme con otro de mis mayores sueños sin cumplir. Así que bueno, ya que estamos en eso de hacer los sueños realidad, hay que darle con el otro blog, al menos como un punto de partida.

Ah, y volviendo acá, ahora estoy en la ciudad de Tauranga, la -o una de las- más grande de la región de Bay of Plenty, con la impresionante cifra de 100 mil personas. Bueno, igual es una ciudad-ciudad y tiene buses internos, lo que es harto decir. Llegamos hace tres días no más, y empezamos al tiro a buscar trabajo y algún lugar para quedarnos. Hasta el momento no ha salido nada de trabajo, solo hay ofertas de pruning, que es el cortar la mata de los kiwis, y que es un trabajo que exige destreza, en el que se tiene que invertir un tiempo para aprender y por lo mismo no se gana mucho en una primera instancia. Además varios conocidos que lo han intentado ya han renunciado al tema. Yo lo tengo como una última opción.

Fuimos al puerto -es una ciudad portuaria, importante porque acá llega gran parte del gas y petroleo a NZ-, pero nada. Hemos buscado en internet, en los supermercados donde se dejan avisos y nada tampoco. Al final mañana vamos a intentar con agencias de empleo. Te quitan una parte de lo que ganas, pero es mejor que nada, así que ahí veremos.

La primera noche la pasamos en el Holiday Park de acá, y conocí al primer loco-loco de Nueva Zelanda. Era un tipo que primero me dijo que no le gustaba ni el fútbol ni el rugby, que era patinador en hielo. Me habló un poco de eso, y no tenía idea que las piernas tenían que estar completamente estiradas cuando uno hace ciertos movimientos, o si no se pierden puntos, siempre se aprende algo. Después le pregunte si estaba haciendo algo relacionado al patinaje y dijo que no, pero que tenía un proyecto que le iba a dar mucho dinero, y dijo, espérenme, les voy a mostrar.

Se fue y al rato volvió cono su notebook. Estábamos en una mesa al aire libre, ya era de noche y anunciaban lluvia, pero aparentemente no le importaba. Su proyecto era una página web que -más o menos- filtraba las búsquedas en google. Otro buscador. Uno ponía la palabra y la web te tiraba a un diccionario con las diferentes acepciones de la palabra (nos dio como ejemplo una estrella, que podría ser un cuerpo celeste, una celebridad, etc..), uno escogía una de las posibilidades y los resultados de la búsqueda eran solo de esa acepción.

Todo bien hasta ahí, y de hecho lo consideré un proyecto interesante pese al mal diseño de la página, y de que serviría solo para palabras y no para conceptos más elaborados. Pero bueno, le pregunte que estaba haciendo para publicitar la página y para que le fuera bien, y de una explicación paso a otra, que estaba avisando en la radio, que no quería usar google ads y otras cosas, sorpresivamente, pasó a que era todo un problema por los judios. Que todo era complicado por un plan de ellos, y a continuación me mostró una página web supuestamente del pentagono que hablaba de un programa que estaban llamado C-3PO (si, como el de las Guerras de las Galaxias), y que era la construcción de una máquina que podía hablar/traducir todos los idiomas, y que su página era esencial para eso, y estaba esperando a que de allá le ofrecieran dinero por ella.

La verdad, no pude evitar pensar que podría ser cierto, y que era un buen proyecto y que quizás estaba conociendo a un tipo relevante. Todo culpa de esa mente mezcla de teleseries con paranioa que tengo. Pero ná. El tipo estaba bien majareta (y mejor dejarlo así por si el pentagono me empieza a espiar). Al final le desee suerte con el proyecto y le dije que replanteara su estrategia de publicidad.

La siguiente noche la pasamos en un backpackers, nada del otro mundo. Lo más relevante ahí es que vi el último capitulo de Games of Thrones y OHHHHH, AHAHAHAHA!!. Eso. Esta muy bueno. No quiero esperar 10 meses más, ¡¡es más que un bebe por dioc!!, pero ya, mejor no pensar en eso.

Y bueno, al día siguiente hablé con el Javier, un amigo que conocí en Chile ya que trabajaba en mi local favorito de pizzas del mundo mundial, Italita. Él se vino dos semanas antes que yo con Taylor, su novia del US, y me contó de un lugar por acá, donde se estaba quedando, una casa tipo mansión en el centro de la ciudad y fuimos. Estaba re bueno. Pero copado. Aunque justo estaba listo otro lugar de la misma dueña, un poco más lejos y sin nadie. Es una especie de departamento gigante arriba de un salón de bolos, en una esquina medio industrial, pero cerca del centro igual. Y aquí estamos.

Me encanta el lugar, sobre todo ese aire medio "Rocky" (pero la I) que tiene. Pagamos una semana ya, y anoche la pasamos sin nadie, fue la primera vez en no se cuanto tiempo que tengo tanta privacidad. Cocinamos con Tom, le presté el notebook pa que se pusiera al día con Game of Thrones y yo me fui a dormir temprano.

Y hoy, acá ando. Escribe que escribe como decía al principio. Creo que lo necesitaba, esta montaña rusa en un sofá. Y mañana de vuelta a las calles (después del partido de Chile, claro), a buscar un trabajo. En lo que sea. Total, algo saldrá.

P.D: Ya llegó más gente al lugar, un chileno y dos alemanas. Vamos a ver que onda son.
P.D: Ya vi el partido de Chile, y aún estoy un poco en shock. Puta que felicidá más grande!!

Fotos:

I.- Partido Italia-Inglaterra con los brocas tanos:




II.- El Tom buscando pega por las calles de Tauranga. Poco después empezaría a pedir moneas en la calle, y finalmente terminaría en los puentes de la ciudad, adicto a la pasta.


III.- Uno de los avisos de depas que fuimos a ver


IV.- Nuestro nuevo hogar -al menos por una semana-














viernes, 13 de junio de 2014

¿Que historia quieres contar?

Esta noche es menos fría que la anterior. Y eso es bastante. Es mucho. 

Han pasado muchas cosas en estos días, así que trataré de ir en orden.

El domingo terminamos en la packhouse. Cerraron el turno antes de lo que tenía previsto, brotaron las despedidas y al mismo tiempo se repetía la pregunta de rigor: ¿Y qué vas a hacer ahora? Algunos respondían que viajarían, casi todos ellos al sur prometido, Christchurch, donde hay -supuestamente- trabajo a destajo. Otros, que se quedarían al pruning, que es cortar las matas de kiwis. Otros intentarían con el repacking. Y la mayoría, en cambio, se entregaba a la incertidumbre. Ahí estaba yo, por supuesto.

Fue un extraño día ese domingo. El fin de una ilusión de rutina, un juego mental denso en una situación de viaje como este. Y era un buen trabajo, de mierda, pero un buen trabajo. No fuimos a ninguna celebración ni nada ese día, fue llegar al Holiday Park, conversar un poco, comer y dormir.

El primer plan que se nos ocurrió fue recorrer, por un par de días, las zonas turísticas antes de empezar a buscar un nuevo trabajo. Ibamos a ser Tom, Mati, Katheryn, Cecilia y yo, pero anunciaron lluvias desde el lunes hasta el jueves, además de que Katheryn vendió su auto, por lo que solo quedaba nuestra van. Así que, después de pensarlo un poco, decidí bajarme para que fueran ellos no más. Me quedaría en el Holiday Park.

Llegó el lunes, y habíamos organizado un último partido con los chicos del shift, pero era el primer día de lluvia, lo que espantó a muchos. Al final solo fuimos 5, pero la pasamos bien, además prácticamente no llovió mientras jugamos. Después, en la tarde, fuimos a una fiesta de cierre del trabajo, de la temporada. Era solo para la gente del turno de día (yo estaba en el nocturno), pero unos amigos (Giorgio y Andrés) nos habían invitado y entramos igual al final, pagando 10 dólares eso sí. Quizás no fue una gran fiesta, había problemas con la música, las luces no eran buenas, se acabó la cerveza temprano y terminó a las 12, pero algo ocurrió -algo- que lo cambió todo…

Había karaoke.

Partí colándome en un YMCA, después en la Lambada, y traté de rescatar, sin éxito, un Are You In de Incubus. Pero solo eran colaboraciones, y bien pencas por lo demás, así que pedí una para mí no más: Suspicious Minds, del Elvis. Ya no estaba sorprendido por el hecho de que hubiera Karaoke en una fiesta bailable, y habiendo superado el shock cultural, y sobrepasando el hecho de no haber consumido mucho alcohol, me hice del micrófono y me lancé al agua, paradójicamente, en una isla. Y me fue bien pos. Me aplaudieron, felicitaron, una supervisora dijo que de verdá sabía cantar, y yo ya no podía más de rojors. Obvio que la gente volvió a bailar y quedó ahí no más, pero pa mi siempre será mi primer karaoke overseas, como le dicen por acá. Un hermoso recuerdo.

Y eso, después que la fiesta terminó en el local continuaba en una casa, la cual nunca encontramos, así que nos devolvimos al Holiday Park. Al día siguiente los chicos se irían y yo tenía que ver donde me iba a quedar, ya que la que ha sido mi casa por más de un mes se iba a ir a recorrer otros lados sin mí.

El martes, bien temprano -pues hay que hacer el check out antes de las 10am-, empezamos a preparar las cosas. Hablé con la gente de acá y me arrendé una caravan -para mí solo- por dos noches, a 20 dólares cada una, lo que me dolió un poco, pero bueno. Saqué mis cosas, lo básico, y las puse acá (estoy escribiendo desde esa caravan, por si acaso), y los chicos pusieron sus cosas en la van. Se demoraron su buen resto en partir, parecía que nunca se irían, entre la lluvia y la indecisión pasaron horas, pero al final se fueron y me despedí de Mati y Cecilia, quienes después se irían directo al norte de probar suerte con la temporada de la mandarina, y de Kathryn, quien se iba para Auckland, y a viajar después a Malasia.

Con Nicolás, mi amigo de Chile, y otra gente del shift hemos estado en contacto para tratar de buscar una casa y arrendar en conjunto, pero antes se hace perentorio encontrar un nuevo laburo. Y las cosas han estado medias estáticas con este temporal. Ayer martes fue un día quieto, muy quieto. Lluvioso como pocos días he visto, sobre todo considerando que ya había llovido bastante el lunes. La noche fue fría y con un vendaval intenso. En Auckland los vientos fueron de 145 km/h, y por acá no fueron mucho menos.

En la noche mi caravan se movía como si un gigante la estuviera agitando, como tratando de saber si le quedan monedas adentro. Y las ramas del árbol que tengo encima golpeaban una y otra vez. Fuerte. Y como estoy al lado de la carretera, cuando pasa un camión tiembla. Y eran tantas cosas que ahora me da risa. No sé cómo me logré dormir, pero lo logré. Como a las 4 de la mañana eso sí.

Hoy también fue un día quieto, y llovió loquísimamente. Pero no siento el mismo frío de ayer. Conversé mucho con Mati y Silvina, una pareja argentina que ya había conocido en Fat Cat y que nos encontramos acá de nuevo, en el Holiday Park. Me bañé sintiendo la lluvia en el techo de las ducha, jugué en el notebook, volví a pasar un buen rato con mis porteños favoritos, como les digo, y en la cocina terminé por comer una cazuelita y unas sopaipillas que cocinó un amigo chileno pa la gente de acá. Y quizás por eso ya no tengo tanto frío. Quién sabe.

¿Qué historia quieres contar?, me y te pregunto. Pues cuando uno sonríe al final del día se desdibujan y se vuelven a dibujar todas las cosas. Y todo parece más amable, menos húmedo, menos solitario. Uno construye su propia historia.

¿Y qué quieres construir?

*Y hablando de eso, la otra noche tuve una conversación muy interesante con un Neozelandes, Aaron, sobre el comunitarismo, o construcción de pequeñas comunidades como una opción para vivir mejor en este mundors. Y quisiera acordarme de eso, porque es parte de lo que quiero construir.


**Actualización: El jueves por fin salí del Holiday park y nos juntamos con amigos del shift de la packhouse, tomamos unas cervezas y esperamos el partido inaugural del mundial. Y ahora, estoy donde mismo, pues volví para ver los partidos de México-Camerun, España-Holanda y Chile-Australia. Así que todo bien, re bien de hecho, mientras hacemos la previa esperando a que sea de madrugada en esta noche de viernes. Ah, y aún no sé ni en que voy a trabajar ni donde voy a vivir ahora. Y quien sabe en realidad.

Algunos fotos de el último día en la packhouse y otras cosas:

I.- Último día:











Una cena chilena en el Holiday Park:


Afuerita de la fiesta del Karaoke (no estaba tan ebrio como parezco, y no había mucho que tomar tampoco xD)


Una foto tras uno de los partidos que organizamos con la gente del shift:


Ayer, en la invasión chilena a la casa méxicana, donde ahora veré el partido de Chile:


Otras fotos -antes del último- día en la packhouse:









jueves, 29 de mayo de 2014

Casi, una vida normal

Ya es 30 de mayo, y prácticamente dos meses exactos llevo en Nueva Zelanda. Cuando miro atrás parece un año entero, y por lo mismo es emocionante pensar en lo que se viene. Aunque al mismo tiempo, en estas semanas, el tiempo ha jugado con sus giros y revoltijos recursivos, provocando ocasionalmente la sensación de estar viviendo una vida normal. Cotidiana, hasta rutinaria. Lo que siempre termina siendo un espejismo.

Hoy parto la tercera semana en la packhouse, y me alegra saber que en los últimos días alcancé el grado de felicidad propio de no estar enajenado, de apoderarse del trabajo, no pensando que es una plataforma para algo mejor, si no que creyendo, y viviendo, que es en sí la experiencia de algo mejor.

Ya me da lo mismo si la línea se echa a perder y me ataca una avalancha de kiwis, o si me equivoco al contar o seleccionar en una caja –por si alguna vez comen un Kiwi con alguna forma rara, piensen en mi-, ya todo da un poco lo mismo. La mayor parte del tiempo las cosas salen bien, es parte de ir siguiendo un flujo. Bailando, cantando, o tratando de conversar con quien esté en la línea de atrás o del frente.

Ayer y hoy tuve los días off, o libres. Ayer organicé una pichanga y salió re-bien, en un principió pensé que iría más gente, pero al final fuimos 17 no más, 9 contra 8. La próxima semana repetiremos el asunto, a ver si hacemos un 11 contra 11. Debo decir que anoté dos goles en una apabullante victoria 7-3, pero siendo honesto, me perdí como 15 oportunidades claritas de gol, así que probablemente para la próxima no juegue adelante. Aunque quien sabe. Lo bonito y lo importante es pegarle al balón.

Después celebramos acá, en el holiday park, donde ya hemos formado una pequeña comunidad italo-francesa-chilena, improvisamos como a las 3 de la mañana una disco trans (de música trans, por si acaso), y nos la pasamos bailando y echando la talla. Terminamos como a las 5 de la mañana, y a las 4pm de hoy, hora digna para levantarse, partimos con Tom a un Spa en Mount Manganui. Aunque no sé si la palabra correcta es Spa, era un lugar con piscinas temperadas. Y por lo demás la primera vez que iba a unas, así que me comporté como se debe. Bien huaso, webiando de una piscina a otra. Por lo demás allá nos encontramos con gente de la pega, Sunghen, de Korea del Sur más Sophie y Adrian -para variar- de Francia.

Después de la piscina fuimos a un bar irlandés en Tauranga, a comer algo y volvimos al Holiday Park, pasamos la tarde con Claudio y Giorgio, los italianos más locos del lugar -lo que ya es harto decir-, aunque debo añadir nuevamente que puta que me cae bien la gente de Italia, y los franceses también, especialmente con los que me junto, pero con los tanos hay, no sé, una especie de locura genérica en común. Y bueno, finalmente me vine acá, a una sala de estar vacía, pues a esta hora están todos durmiendo, y la gente del turno nocturno aún no llega.

Durante el trabajo -que es bastante mecánico- uno tiene tiempo para muchas cosas y dentro de esas cosas, a veces, me pongo a meditar o a reflexionar. Ha sido bien interesante como ejercicio, y hasta para tener presente algunos temas en el día a día. Nada del otro mundo, pero es lo que hay.

Dentro de las cosas que recuerdo está el haber pensado en una noción, de que la una esencia de la sabiduría se encontraba en el ejercicio constante y naturalizado de la empatía.

Mi maestra, que quizás lea esto, dice que la bondad es la más importante de las virtudes. Algo que comparto profundamente. Y la bondad sin empatía no es posible, o más bien, es estéril. Pues si uno no es capaz de saber, escuchar o entender, que es lo que necesita el otro, la bondad pasa a ser un saludo a la bandera. Y digo que es un ejercicio porque es como un músculo, la empatía se puede ejercitar y fortalecer con la experiencia y el aprendizaje adecuado, pero también se puede echar a perder.

Cuando pienso en la gente que considero sabia hablando con otras personas, veo que entienden sus contextos, sus situaciones, y son capaces de leer los motivos de sus penas, angustias, rabias o alegrías. Y reaccionan acorde a eso. Es como si cada persona fuera un iceberg y uno mismo un barco, sin empatía es altamente probable que choquemos, o nos rajemos el casco, con cada uno. Y que, incluso a veces, nos hundamos.

La empatía es al mismo tiempo un universo interno en el cual se acumula el entendimiento de prácticamente todas las experiencias posibles, y se sienten. Por eso tratar de ejercitarla es rudo, porque hay muchas cosas que uno no quiere sentir, que no quiere imaginarse, que no quiere vivir. Podría decir entonces que la vida te fuerza a experimentar ciertas cosas, para tener ese conocimiento y fortalecer la empatía –si uno aprovecha esa experiencia-, pero para ser una buena persona hay que ir incluso un poco más allá de lo que uno ha vivido. O vivir un poco más allá de lo que uno ha sido.

Es un largo camino aquel, y por lo mismo, ligado a otro pensamiento asociado -de esos que tuve en la fábrica-, me declaro conforme por ahora, con lograr no ser un hijo de puta. Ese es el primer paso. Y no es tan fácil como suena.

Cuando estás solo, o crees que estás solo, es muy fácil aferrarse al miedo y reaccionar mal, o pobremente. Por eso lo primero es conquistar el error, que se me vengan encima los kiwis no más, o me confunda empacando, que me equivoque en una transacción o que no entienda a alguien en una tienda. Que de lo mismo todo, como un tsunami inundando las creencias más fundamentales, para que así salga a flote lo que vale la pena. Y no ser un hijo de puta. Que miente, engaña, huye, abusa o utiliza a otros, por miedo. Solo por miedo. Y por suerte, creo que voy bien en eso. Pero aun no está todo listo. Hay harto ejercicio que hacer.

Después, con el tiempo, podré ser un buen cabro. Quizás un buen tipo ya. Y si algún día la vida así lo quiere, alguien medianamente sabio.

Después seguiré escribiendo otras reflexiones, aunque quizás no sean tan entretenidas como las fotos y los entuertos, pero es en sí un viaje. El viaje.

miércoles, 14 de mayo de 2014

De Picking a Packing

Dos de la tarde en la librería de Te Puke, donde el WiFi es gratis. Quizás lo único gratis de por acá como bromeamos con un amigo chileno, sentado a un par de asientos. Hay muchos chilenos por acá. Más argentinos. Especialmente donde vivo es una colonia latina, pero me sigo juntando con gente de todas partes, he aprendido harto italiano -puta que son simpáticos los weones-, algunas cosas de Francés y pese a que estaba practicando alemán por internet, por la falta del mismo, he cortado el estudio, aunque algo se aprende de vez en cuando, conversando.

Ayer fue mi primer turno en una packhouse, o empaquetadora de kiwis, paltas y feijoa. Aunque lo último es pa ponerle color. Es casi puro kiwi por acá. No hay que olvidar que estoy en la capital mundial del kiwi. El turno es nocturno, desde las 6 de la tarde hasta las 3:30 de la mañana, pero ayer terminamos como a las 12:30, aparentemente están ajustando las cosas ya que somos un nuevo turno y quien sabe. No es bueno porque son menos horas, y eso pesa. Pero algo es algo. 

En teoría es más estable que andar pickeando kiwis, un tanto más aburrido también, pero hay algo de interesante en tocar esto del mundo de las fábricas, en cerrar los ojos, abrirlos, y ser un obrero más. Ganando el mínimo, viviendo en los lugares más baratos y tratando de ahorrar en cualquier cosa pa salvar el mes. Y aún así es mejor que Chile. Puta que estamos mal en lo que es pega y paga. Pero bueno, ese es otro tema. 

El miedo ahora es el aguante, resistir al menos un mes, hasta que se termine la temporada (el 15 de junio), haciendo un trabajo absolutamente mecánico. Resumiendo, aunque no hay mucho que contar al respecto, recibo los kiwis de la linea, los meto en la caja, tratando de evitar que no se caigan al suelo ni nada y cierro la caja. A veces uno colapsa porque son muchos y no hay tiempo para cerrar las cajas, a veces va tan lento que te puedes dar vuelta a conversar con quien esta en la fila de atrás, o con quien está adelante. Y así. Recién llevo un día, y veremos. 

Una de las cosas buenas del turno nocturno es que tengo la tarde, por ejemplo, para venir a la librería y usar el WiFi gratis. Así que quizás esté actualizando más seguido, o escribiendoles de a uno, para saber como andan, por que el tema es que por acá cuento como me va, pero de vuelta no llega mucho. De vez en cuando no más recibo novedades de Chile, de las que importan. Y, entre ellas, me enteré hoy de que seré tío.

Mi hermanita -sacando la cara por la familia- tiene dos meses ya, y según las tincadas del Edu, un cuñado de lujo, se viene un hombrecito. Mi mejor amigo de por allá, el Hugo, y mi amiguísima también, la Maca, van a tener su hijo, el Facu, dentro de estas dos semanas. La hija del Emo y la Ada, también uno de mis mejores amigos, ya debe andar por los dos meses y tanto, quizás tres. Y así pos. Está fácil ponerse guaguatero. 

Quizás por eso me arranqué. La naturaleza es sabia, y sabe que hay gente que es mejor que no se reproduzca no más (madre, se que estás leyendo esto, son tallas no más, ok, vas a tener un nieto.. pero me tinca más que por el lado del Pablo en todo caso).

Como sea, estoy bien por acá. Con altos y bajos, ahora más tranquilo y estable, lo que es bueno y malo. Como todo. No hay planes, solo ideas. Y el tiempo pasa y dicta los caminos. Soy feliz conociendo gente, hablando y aprendiendo distintos idiomas y escribiendo. Estoy empezando con los cuentos. Dejando un poco la poesía, para ver si le aplico a algo más. Y quien sabe. Paso a paso.

Por ahora me despido, y espero que estén todos muy bien. Y si les tinca, apliquense con un mail, contando en que andan por allá.

Besos y abrazos.


Algunas fotos de Te Puke:








Una pequeña arrancada a la playa en Papamoa:









Algunas fotos del Picking, aunque nada del momento mismo, porque uno esta tan metido sacando kiwis que es difícil sacar una foto:






Y estas son de por ahí, entre Te Puke, Papamoa y algunos caminos:







Y aquí es donde estoy durmiendo por ahora:






miércoles, 7 de mayo de 2014

La espera

(04-05-2014) Hace 5 días llegamos a la zona de la Bay of Plenty. El primer día paramos en Tauranga, una de las ciudades y puerto principales, por donde llega gran parte del petróleo y los autos a Nueva Zelanda, según pudimos apreciar. Dimos vueltas el miércoles sin saber muy bien qué hacer. Pasamos la noche en Papamoa, un balneario cercano, y poco después del medio día, tras pasear por la playa y hacer algunas compras esenciales,  nos dirigimos a Te Puke, la capital mundial del Kiwi, por si no lo sabían.

Si bien la ciudad no es muy grande en sí todos los alrededores están plagados de granjas y packhouse dedicadas al fruto sagrado de Nueva Zelanda. Por lo mismo, es un lugar que concentra mochileros, viajeros de todo tipo, maoríes y alguno que otro Kiwi (blanco Neo Zelandes), todos en busca de algo de trabajo, ya sea por los dólares que puedes ganar sin tener un muy buen inglés ni experiencia en otras áreas, o por la posibilidad de alargar tu visa, ya que si trabajas unos meses en temas relacionados a la agricultura puedes pedir una extensión de 3 meses más en tu work and holiday.

Llegamos un miércoles, dimos vueltas por la ciudad, le escribimos a algunos contratistas -principalmente Indios- que son los intermediarios entre las granjas y los trabajadores, y quienes evidentemente cortan un buen pedazo de la torta por este hecho. No había mucho para el día, así que solo dimos vueltas y al final terminamos en una especie de hostal con caravanas, donde terminamos pagando para estar por una semana, esperando a tener algo de suerte.

Aquí nos encontramos con Nicolás, el ya había llegado unos días antes y está en un grupo de chilenos que lleva un buen tiempo. Usualmente tienen alguna que otra oferta de trabajo y han tenido días buenos y malos. Pero desde afuera, han tenido suerte. Varios ya se han ido de acá. Las últimas semanas han sido difíciles, por las lluvias y granizos, lo que ha detenido la mayoría de las cosechas por varios días y ha disminuido otras.

Eso es algo que uno aprende rápido acá. Si llueve, no hay trabajo. Y como te pagan por hora, si tienes suerte, o por producción –lo que puede ser o mejor o mucho peor, y por ende más inestable-, si no se trabaja un día, se siente. Varios ya se aburrieron de escuchar el discurso de que hoy no hay nada, pero tal vez mañana algo. O que la próxima semana empieza fuerte el tema. Otros tienen algo de trabajo, pero un par de horas, y a veces tienen que esperar un buen rato antes de empezar. Tiempo que evidentemente no se paga.

Nosotros, Tom Mati y yo, llevamos ya 5 días esperando. Si no todos los días, casi todos, hemos visto la misma historia. Que puede haber algo, que llamemos, que nos dicen que si o algo no muy claro, pero al día con toda claridad te dicen que no hay cosecha que hacer. Por lo demás hemos ido varias veces a prácticamente todas las packhouses de la zona, para hacer aplicaciones, pues ahí el trabajo es más estable, en teoría, ya que poco antes de llegar varias de estas estuvieron paradas por días o hasta casi una semana, porque no había cosecha.

La cosa esta mala. Es difícil este ritmo de vida, tan incierto, casi nadie tiene claro lo que va a hacer el día siguiente, si habrá trabajo, por cuanto tiempo, cuanto pagarán, o cuáles son las condiciones. Si hay, hazlo. Es mejor que nada. Esa es la premisa al final. Lo bueno, es que en general hay buena onda por acá, y como muchos están en la misma, no queda más que enfrentar la situación en grupo. Conversando de cualquier cosa, aprendiendo de las diferentes culturas o la vida simplemente.

Sigo siendo de los más extraños por acá. No por ser chileno, hay varios por acá y sobre todo argentinos dentro de los latinos, aunque me junto más con los de otras partes, para practicar el inglés. Soy de los más extraños porque quien sabría decirlo. Pero se nota. Te lo dicen de hecho. No es ni malo ni bueno, o quizás. 

La cosa es que es interesante saber que es algo internacional esta clase de locura.


Por ahora seguiré esperando. Como siempre, puede que mañana haya algo*

(*Justo después de salir de la sala donde escribí esto me avisaron que había trabajo, y ese fue mi primer día de picking. Una historia para la próxima ocasión).

**Quedo debiendo las fotos, porque tengo poco interné.